Datos & Democracia Análisis · CLACSO 2018–2026
Academia y poder en América Latina

CLACSO: ¿ciencia social o agenda política?

CLACSO publicó 443 declaraciones y comunicados de sus Grupos de Trabajo entre 2018 y 2026. Analizamos los 130 que aluden a ocho países de la región. La evidencia apunta a una incomodidad señalada desde hace años: la mayor red de ciencias sociales del continente denuncia con dureza a los gobiernos de derecha democrática mientras guarda silencio —o se solidariza— ante los autoritarismos de izquierda.

CLACSO nació para proteger a los científicos sociales perseguidos por las dictaduras de derecha de los años setenta. Medio siglo después, sostenemos que esa misma institución ha terminado practicando un doble estándar ideológico que traiciona su vocación original. Es una afirmación fuerte, y por eso conviene examinarla con datos, no con impresiones.

Nuestra tesis tiene dos mitades. Por un lado, CLACSO emite pronunciamientos frecuentes contra los gobiernos de derecha democrática por sus violaciones a los derechos humanos o a la libertad académica: lo hizo con Iván Duque en Colombia, con Sebastián Piñera en Chile, lo hace hoy con Javier Milei. Por otro, calla ante el cierre de centros de investigación en Nicaragua, la asfixia material de las universidades en Venezuela o la represión en Cuba, y sustituye la crítica por declaraciones de solidaridad frente a la supuesta "injerencia" externa.

Molestan los errores de imperfectos gobiernos de centroderecha, pero se enmudece ante los horrores de los regímenes autoritarios consolidados.

No pedimos que se nos crea por autoridad. La base de datos que sigue —construida a partir del índice público de declaraciones de los Grupos de Trabajo de CLACSO— clasifica cada comunicado por país y por tipo. Que el lector juzgue si el patrón que denunciamos existe o si somos nosotros quienes proyectamos un sesgo.

El hallazgoEl patrón se invierte según el color del gobierno

Para juzgar el sesgo de CLACSO no basta con contar cuántas denuncias emite bajo cada gobierno. Hay que hacer una pregunta más fina, que es la que de verdad importa: ¿a quién señala cada comunicado como responsable? Una denuncia emitida durante el gobierno de Petro que responsabiliza a grupos paramilitares no es una crítica a Petro; un comunicado que repudia la represión de un gobernador provincial opositor no critica al gobierno nacional; y una declaración que defiende al oficialismo frente a un intento de magnicidio es, lisa y llanamente, un respaldo. Cuando se clasifica cada texto por el actor que responsabiliza —y no por la fecha en que salió—, el patrón se vuelve nítido.

¿A quién responsabilizan los comunicados? Por administración

No basta con contar denuncias emitidas durante un gobierno: hay que ver a quién señalan. Un comunicado emitido bajo Petro que denuncia a grupos paramilitares —o que defiende su proyecto— no es una crítica a Petro. Cada barra es el 100% de los comunicados de esa administración, según el actor responsabilizado.
Responsabiliza al gobierno nacional del momento Defiende / respalda al gobierno (frente a "injerencia", oposición o lawfare) Responsabiliza a otros (poder provincial, paramilitares, actor externo) o sin responsable
87–90%
de los comunicados bajo Duque y Milei (derecha) responsabilizan directamente al gobierno nacional.
0%
responsabilizan a Petro o a Alberto Fernández (izquierda): sus denuncias apuntan a paramilitares, gobernadores opositores o actores externos.
0% / 5%
responsabilizan a Díaz-Canel (Cuba) y a Maduro (Venezuela). El 95–100% restante los defiende frente a EEUU.
100%
Ortega (Nicaragua) es la única excepción: el único gobierno de izquierda al que CLACSO sí responsabiliza.

El resultado es más rotundo que cualquier conteo ingenuo de denuncias. A los gobiernos de derecha se los responsabiliza sin reparo: el 87% de los comunicados emitidos bajo Iván Duque señalan a su gobierno, igual que el 90% de los emitidos bajo Javier Milei, el 60% bajo Bukele, la mitad bajo Macri. Cuando gobierna la derecha, el Estado es el acusado.

Cuando gobierna la izquierda, el acusado se desplaza. Bajo Gustavo Petro, ninguno de los ocho comunicados lo responsabiliza: dos rinden homenaje, dos denuncian a grupos paramilitares, uno señala a las autoridades migratorias de México y tres respaldan abiertamente su proyecto. Bajo Alberto Fernández, ninguno de los dieciséis responsabiliza a su gobierno: nueve apuntan al gobernador de Jujuy —un dirigente de la oposición de derecha—, tres defienden a Cristina Fernández frente al lawfare y el resto repudia a actores no estatales. La denuncia no desaparece bajo la izquierda; se redirige cuidadosamente hacia otros culpables.

Bajo la derecha, el responsable es el gobierno. Bajo la izquierda, el responsable es siempre otro.

Y en el centro de todo, los dos casos que no admiten matiz: Cuba y Venezuela. Bajo Díaz-Canel, el 100% de los comunicados defiende al régimen; bajo Maduro, el 95%. La represión interna no genera un solo señalamiento en Cuba y apenas uno en Venezuela —una tímida defensa de la "academia crítica"—. Frente a estos regímenes el responsable nunca es el gobierno que encarcela o asfixia a la universidad: es siempre Washington. La soberanía amenazada sustituye por completo al derecho humano vulnerado.

El matizLa única excepción: Nicaragua

Si la regla fuera "nunca responsabilizar a un gobierno de izquierda", Nicaragua la rompería: los cuatro comunicados localizados sí señalan al gobierno de Daniel Ortega y reclaman la restauración del Estado de derecho. Es el único régimen de la familia que recibe crítica directa. Lo decimos sin rodeos, porque una tesis honesta debe exhibir sus excepciones, no esconderlas.

Pero reparemos en lo que esa excepción ilumina. Cuatro señalamientos a Ortega, frente a cero a Petro y Fernández, cero a Díaz-Canel y prácticamente cero a Maduro. La grieta existe —y quizás se explique porque el orteguismo ha reprimido también a la izquierda y a los movimientos sociales que son la base natural de CLACSO—, pero no clausura el patrón: lo confirma por contraste. La regla no es ideológica en abstracto; es una geografía de lealtades donde unos gobiernos son intocables y otros no.

La objeciónLo que responderían en CLACSO

Conocemos las réplicas, porque las hemos escuchado durante años. La primera: que no toda solidaridad es complicidad, y que defender a un país frente a un bloqueo o a una amenaza de intervención militar es una posición antiimperialista coherente, no un aval a su política interna. La segunda: que la asimetría refleja dónde está la amenaza más urgente —la escalada militar de EEUU sobre Venezuela en 2025 explicaría el grueso de esos comunicados—. La tercera, la más sofisticada: que CLACSO es una red de cientos de Grupos de Trabajo autónomos, no una voz única con línea editorial.

Respondemos. A la primera: la solidaridad antiimperialista sería creíble si conviviera con alguna crítica a la represión interna; su ausencia total —cero señalamientos a Díaz-Canel, uno a Maduro— es la que delata la complicidad. A la segunda: las amenazas externas no aparecieron en 2025, y durante los años previos el silencio sobre la represión fue igual de elocuente. A la tercera —y es el argumento decisivo—: precisamente porque son cientos de grupos autónomos, la convergencia de todos ellos en redirigir la culpa lejos de los gobiernos afines no puede ser azar. Esos mismos grupos saben señalar a un Estado cuando quieren: lo hacen con Duque, con Milei, con Bukele, incluso con Ortega. Que ante Petro apunten al paramilitarismo, ante Fernández al gobernador opositor, y ante Maduro a Washington, no es dispersión: es una elección sostenida sobre a quién se protege. Exigir cuentas a unos gobiernos y blindar a otros no es pluralismo académico: es su negación.

El lector tiene ahora los datos. En el explorador siguiente puede revisar, país por país y comunicado por comunicado, cada pieza de esta evidencia y formarse su propio juicio.

Análisis cualitativo

El vocabulario del silencio y la denuncia

Las cifras muestran a quién se responsabiliza; las palabras muestran cómo. Estas nubes recogen los términos más frecuentes en los títulos de los comunicados de cada administración. El tamaño de cada palabra es proporcional a su frecuencia; el color, a la orientación del gobierno. El contraste lingüístico es tan elocuente como el estadístico: donde gobierna la derecha aparecen represión, violencia, protesta; donde gobierna una autocracia de izquierda, el léxico se desplaza a soberanía, agresión, Estados Unidos —el enemigo deja de ser interno.

Nota: las nubes se construyen a partir de los títulos de los comunicados (no del texto íntegro), tras eliminar palabras vacías y los propios nombres de país. Las administraciones con muy pocos comunicados ofrecen nubes pequeñas, indicativas más que concluyentes.

Explorador de datos

Los comunicados, país por país

Precisión metodológica. Entre 2018 y 2026, el índice público de los Grupos de Trabajo de CLACSO reúne 443 declaraciones y comunicados sobre toda clase de temas y países. Este análisis se concentra en los que aluden a ocho países latinoamericanos seleccionados por su relevancia para el debate sobre el doble estándar: en conjunto, 130 menciones (un comunicado que cita a dos países cuenta en ambos, de modo que la suma por país supera al número de piezas distintas). La cobertura por país aparece en la tabla anterior. Para cada comunicado se codificaron tres variables: el país aludido, el tipo de pronunciamiento y —la decisiva— el actor responsabilizado (gobierno nacional, poder provincial o local, actor externo, actores no estatales como paramilitares o empresas, defensa del oficialismo, o sin responsable). Esa codificación se hizo leyendo el título y el sentido de cada comunicado, pieza por pieza en los países con alternancia de gobierno (Colombia, Argentina, México, Honduras); es interpretativa y, por tanto, discutible y perfectible, ya que el texto íntegro no está extraído para la totalidad de las piezas. Las bandas de color sobre las gráficas de evolución marcan los periodos presidenciales (azul: gobierno de derecha; rojo: gobierno de izquierda), situadas según el año de toma de posesión. Este material busca informar el debate, no clausurarlo, y agradece la corrección empírica de quien quiera revisarlo.
Para entender el contexto

CLACSO por dentro: del amparo a la cooptación

¿Cómo es posible que la mayor red de ciencias sociales de la región termine callando ante los autoritarismos que dice combatir? El testimonio de la historiadora Margarita López Maya —que compitió por su secretaría ejecutiva e integró su comité directivo— ofrece la respuesta desde adentro. Elige una pregunta y abre cada caja para ver el detalle.

Fundado a fines de los años sesenta con sede en Buenos Aires, CLACSO nació con un propósito noble —amparar a los académicos de izquierda perseguidos por las dictaduras del Cono Sur— y una arquitectura sencilla de centros, asamblea y secretaría. Estas son sus piezas.

1
Los centros afiliados
La base de la institución · un centro, un voto
+

CLACSO agrupa institutos de investigación en ciencias sociales de toda América Latina. Hacia 2006 había cerca de 120 centros con derecho a voto; hoy son varios cientos. Cada centro afiliado dispone de un voto en las decisiones de la red.

En su origen, cada uno pagaba una cuota anual —López Maya recuerda que eran "mil dólares al año"— y con esos recursos modestos CLACSO daba becas de investigación y ayudaba a colegas a conseguir empleo en el exilio.

2
La asamblea de centros
Elige a la dirección cada tres años
+

La asamblea reúne a todos los centros afiliados y elige a la secretaría ejecutiva cada tres años. Gana quien obtiene la mayoría absoluta de los votos.

En teoría, es el mecanismo democrático de la institución: todos los centros son independientes de sus gobiernos y votan a su criterio. En la práctica, como se verá, ese supuesto no se cumplía para todos por igual.

3
La secretaría ejecutiva
El centro real del poder
+

Es la máxima instancia de dirección: administra los recursos y fija la orientación de la institución. Por estatuto, su titular debía residir en Buenos Aires (regla que, según el testimonio, secretarios posteriores no cumplieron).

López Maya sostiene que con los años esta secretaría se independizó de su base: "la máxima instancia de dirección se independizó de su base natural, que eran los centros, y tomaba decisiones sin mucha consulta".

4
Los grupos de trabajo
Donde sí hay pluralismo
+

Son los espacios temáticos donde participan los investigadores. Según López Maya, ahí se encuentra más diversidad y pensamiento crítico que en la secretaría, y desde hace un tiempo se los autorizó a emitir pronunciamientos "que no comprometen a la secretaría".

Esta distinción es clave para leer los datos de esta página: los comunicados analizados provienen de los grupos de trabajo —el espacio más plural—, no de la cúpula, lo que hace aún más llamativo el sesgo que revelan.

El giro, según López Maya, no fue ideológico de origen sino estructural: un cambio en el dinero alteró los incentivos, y a partir de ahí la institución quedó capturable. Esta es la secuencia que ella describe.

1
El dinero cambió de manos
De las cuotas de los centros a las agencias externas
+

Con la crisis de la deuda de los años ochenta, los centros dejaron de poder pagar sus cuotas y CLACSO estuvo a punto de desaparecer. Desde los noventa empezó a financiarse con agencias de cooperación internacional escandinavas (la sueca ASDI, la noruega Norad, entre otras).

López Maya lo compara con el rentismo petrolero: "Como esa es una historia similar al rentismo de Venezuela, puedo decir que ocurrió algo análogo." Al no depender ya de sus centros, la secretaría dejó de rendirles cuentas.

2
El poder se concentró
Borón, Sader, Gentili — sin contrapesos
+

Con recursos abundantes y sin control de la base, la secretaría ejecutiva concentró el poder. Atilio Borón —relata— modificó los estatutos y permaneció nueve años donde correspondían seis. Le siguieron Emir Sader y Pablo Gentili, en una línea que ella describe como "marxista-leninista, procubana".

La orientación ideológica de la institución, antes más diversa, se estrechó. Las ciencias políticas quedaron "muy mal vistas": no se aprobaban recursos para proyectos politológicos, solo para movimientos sociales y protesta.

3
El "gran elector" cubano
Quince votos en bloque
+

En los noventa, CLACSO había retirado a los centros cubanos tras la intervención del gobierno cubano sobre el Centro de Estudios sobre América (CEA). Borón los readmitió; crecieron en número y, según López Maya, muchos eran "oficinas del Gobierno cubano más que centros de investigación". Hubo un funcionario cubano sentado años en el comité directivo.

El resultado: de unos 120 centros, todos votaban libremente excepto los cubanos.

"Cada centro tenía un voto que ejercía libremente, pero había quince votos amarrados por el Gobierno cubano que podían decidir quién ganaba."

4
La elección de 2006
El testimonio en carne propia
+

López Maya se postuló a la secretaría contra Emir Sader. Cuenta que se le pidió contactar al gobierno cubano para conseguir su respaldo, bajo la lógica de que si el gobierno de Chávez la apoyaba, el cubano "mandaría a votar" por ella. Viajó a La Habana a una reunión con el ministro de Cultura, Abel Prieto, quien —relata— le dijo que el pluralismo "divide a la izquierda".

Perdió por diecisiete votos: los quince cubanos y dos más. Lo atribuye a un cambio en la cancillería venezolana que liberó al gobierno cubano para apoyar a Sader.

5
Una base que no vigila
Mientras lleguen los recursos
+

El cierre del círculo: aunque la dirección es elegida por los centros, estos "saben muy poco lo que pasa en la secretaría" y prefieren desentenderse mientras reciban apoyos para sus proyectos. Y las agencias que financian no exigen posiciones democráticas a cambio.

Sin base vigilante ni donante exigente, nada obliga a la cúpula a romper su alineamiento.

6
El resultado: el silencio
Lo que esta página documenta con datos
+

La consecuencia, según López Maya, es que la secretaría nunca criticó la deriva autoritaria de Chávez y Maduro, ni la represión en Cuba, ni a Ortega. A lo sumo —dice— llega a hablar de "polarización" en Venezuela y a pedir "más equilibrio".

Cuando en 2019 pidió a la secretaría un pronunciamiento público en defensa del académico Edgardo Lander, atacado por criticar a Chávez, la respuesta se limitó a una solidaridad expresada "en privado".

Es exactamente el patrón que el análisis de esta página cuantifica: crítica abundante a la derecha, silencio o defensa ante las autocracias de izquierda.

En una frase

Un cambio de financiamiento (de las cuotas de los centros a las agencias externas) desconectó a la dirección de su base; esa autonomía sin control permitió que una conducción ideológicamente homogénea y un bloque de votos cubanos cautivos capturaran la orientación de la institución; y una base que solo quiere recursos para sus proyectos no tiene incentivo para corregirlo. El silencio ante los autoritarismos de izquierda es el producto de ese diseño.

Este apartado resume y parafrasea el testimonio de Margarita López Maya —historiadora, analista política y exrepresentante de Colombia, Ecuador y Venezuela en el comité directivo de CLACSO (2006–2009)— recogido en el capítulo IV, "Las izquierdas en instituciones académicas de América Latina" (conversación del 6 de abril de 2021), del libro Pensar la izquierda con Margarita López Maya, de Magdalena López (Caracas: Editorial Alfa, 2026; ISBN 979-13-991285-6-7). Las apreciaciones sobre el funcionamiento y la orientación de CLACSO corresponden a la autora citada.
Una iniciativa de
Logo 4Métrica
Logo Gapac